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el discurso bélico medieval.-

 

MEMORIAS SOBRE “EL DISCURSO BÉLICO MEDIEVAL”

Mario Lafuente y Patricia Ruiz

 

Sesión 1: “Voces para una guerra” (8 de Noviembre de 2005)

 

Después de quedar varias veces para preparar la sesión ya la teníamos en nuestras manos. Nos costo meses de trabajo ya que a ninguno de los dos nos acababan de gustar las sesiones que preparábamos pero esta ya estaba en nuestras manos. Creo que ambos disfrutamos de la búsqueda de los textos y la selección fue bastante sencilla, pero al llegar el día no estábamos seguros de lo que nos traíamos entre manos. Sabíamos lo que íbamos a hacer y que pretendíamos, pero no podíamos intuir lo que iba a pasar dentro de la sala. La sesión comenzó con muchos nervios, quizás demasiados por nuestra parte, pero sobre nosotros caía la responsabilidad de romper el hielo y ambos lo sabíamos.

Comenzamos la sesión leyendo una cita de Juan Benet, que ambos pensamos que reflejaba lo que iba a ser la sesión, o lo que pretendíamos demostrar, y a continuación presentamos la sesión que pretendía tomar el testigo de alguna de las sesiones que habíamos vivido, queríamos dar la posibilidad a las masas anónimas de ser escuchados, de crear una historia con indicios y continuar aprendiendo a escuchar lo que es apenas audible.

En la primera de las sesiones dedicadas a la época medieval, quisimos preguntarnos acerca de cómo la violencia institucionalizada y, más concretamente, la guerra, afectó a las clases menos privilegiadas de la sociedad. Para ello, por medio de seis documentos aragoneses del siglo XIV y un texto de La Leyenda Dorada, propusimos a los asistentes la identificación con uno de los diferentes protagonistas de cada texto. Preferentemente, asignamos dos personas por documento, con el fin de poder trabajar con apoyo. Tras el reparto de papeles, formulamos dos cuestiones centrales sobre las que cada uno de nosotros debía reflexionar y expresarse por escrito. La primera de ellas fue ¿cómo crees que llega el personaje a esta situación?, y la segunda ¿qué crees que le sucede después?

Nuestro objetivo con este planteamiento era comprobar cómo podemos resolver nosotros, en la actualidad, el estudio de las implicaciones sociales de la guerra hace siete siglos. Creemos que una manera original de hacerlo era ponernos en el lugar de distintas personas cuya trayectoria vital, en mayor o en menor medida, se vio afectada por algún conflicto bélico. Para ello era imprescindible, por otro lado, el no disponer de mucha más información sobre cada protagonista que la proporcionada por el documento en cuestión, ya que lo contrario hubiese restado frescura a la interpretación individual. Por eso, apenas dimos unas pinceladas iniciales sobre cada uno de los hechos y su contexto, las suficientes para que la lectura no fuese demasiado forzada.

En realidad, en esta primera sesión, no nos dedicamos en sentido estricto a la búsqueda de un código legitimador de las acciones bélicas. Más bien, como sugeríamos, era nuestra intención observar casos concretos en los que la guerra condiciona la forma de actuar y de vivir de algunas personas. De este modo, no hacíamos sino seguir la línea iniciada en algunas de las sesiones del Taller de Historia de la Universidad de Zaragoza, dedicadas a las masas anónimas del pasado y nuestra capacidad para escuchar su voz, para leerlas en los documentos. Mediante este acercamiento, pudimos comprobar cómo la guerra, para esas gentes, fue un agente externo, venido de fuera de su espacio vital, impuesto. Tanto los documentos como nuestras interpretaciones revelaron resignación a la misma, a los problemas que de ella se derivan, una gran sumisión a quienes la hicieron, en el primero de sus sentidos, pero también una gran capacidad de adaptación a la misma, en busca de la propia supervivencia.

Como organizadores de esta primera sesión del Grupo Artífices nuestra valoración es positiva. La implicación de todos y todas hizo la sesión altamente gratificante, lo que enseguida borró las dudas y la incertidumbre que habíamos tenido durante su preparación. Creemos que pudimos escuchar unas voces no muy diferentes de las que pudieron ser en realidad, quizá porque nosotros no seamos tan distintos a quienes intentábamos investigar. En cualquier caso, buscábamos el acercamiento al hecho puntual y a los nombres pequeños, a quienes reciben la guerra como un hecho triste y doloroso.

Hubo mucho tiempo para debatir, pero el tiempo se nos hizo corto, nos hubiera gustado tener mas tiempo para discutir o para compartir algunas impresiones mas sobre los textos, pero por lo demás no podemos quejarnos de las que pusieron nuestros compañeros para trabajar en nuestra sesión, colaborando en todo momento y formando parte de las actividades.

En la próxima sesión, nos acercaremos a las palabras de quienes prepararon y dirigieron otras guerras, palabras cuya escritura fue buscada y que gracias a ello han perdurado hasta nuestros días.

 

 

Sesión 2: “Palabras para una guerra” (31 de enero de 2006)

 

Nos costó mucho decidirnos sobre lo que íbamos a hacer, tuvimos mil ideas (a cual mas descabellada) porque deseábamos que esta vez la historia entrara por otro sentido, que viendo aprendiéramos y ante todo, no queríamos que ninguno de nuestros compañeros escribiera. La preparación fue quizás mas divertida, desde aprender a usar el powerpoint, hasta la elección de textos que a ambos se nos hizo muy duro de cribar porque esta vez tuvimos muchos textos a mano.

Esta vez íbamos mas tranquilos, mas sosegados, sabíamos que iba a salir cualquier cosa pero es lo que queríamos que pasara, queríamos que nuestros compañeros reflexionaran y debatieran sobre lo que vieran. Y, así fue.

Decidimos dedicar la segunda sesión a las clases dominantes en las relaciones de poder y a su papel en la creación y difusión del discurso bélico, entendiendo como discurso una reiteración de valores y como poder la capacidad material y jurídica para hacer la guerra. Nuestro método consistió en la presentación de una serie de textos medievales, en los que se transmitía de diferente manera la necesidad u obligación de hacer la guerra, y solicitamos a los compañeros que buscaran en ellos los valores que se pretendían transmitir, directa o indirectamente. Todos ellos fueron redactados durante momentos críticos de violencia institucionalizada, o bien hacían referencia a los mismos, bien por agentes del poder, por pensadores o por cronistas.

Nuestro objetivo, especialmente, era comprobar cuáles de esos valores trascendieron las situaciones críticas de enfrentamiento armado, hasta formar parte del pensamiento social y comprobar, en consecuencia, hasta qué punto nuestra cultura se halla impregnada históricamente de una “cultura de la guerra”.

Por otro lado, queríamos ponerlos en relación con los casos vistos durante la primera sesión, en la cual nos centramos prioritariamente en las clases populares e intentamos aproximarnos a su forma de vivir y entender la guerra. Para ellos, la guerra era un factor externo e impuesto, sobre el que no tenían ninguna capacidad de decisión. En esta ocasión, planteamos las siguientes cuestiones: en primer lugar, si es cierto que el discurso bélico emana del poder, pero sus valores calan en todas las clases sociales, ¿cómo y por qué sucede esto?; y, en segundo, los valores/conceptos/ideas que transmiten los textos, ¿existirían sin experiencias de violencia institucionalizada? Como sugerencia, consideramos oportuno prestar especial atención a los valores presentes en los textos y que podemos reconocer en otras circunstancias, independientemente de su cronología o de su caracterización social.

Entre los valores cuya presencia fue destacada y que dieron lugar al debate, se encuentra la obligación de luchar hasta la muerte al servicio bien de un superior, o bien de una ética determinada. Este concepto, defendido especialmente en los discursos de los reyes ante sus súbditos o sus vasallos, así como por los eclesiásticos, en relación con la obligación de morir por la fe, dio lugar al debate sobre el origen y justificación de ideas como bien común, patria, nación o naturaleza. Sobre la mesa se planteó la posibilidad de que la idea de nación deba gran parte de su existencia, tal como la conocemos hoy, a su refuerzo durante los enfrentamientos bélicos; y la discusión derivó hacia cuestiones como qué otros factores pueden reforzar dicha idea, o hasta qué punto la nación es una creación del Estado liberal o, en cambio, podemos encontrar definidos algunos de sus rasgos en la baja Edad Media.

Otros de los valores que se detectaron y dieron lugar a discusión fueron los contenidos en las narraciones de revueltas populares en la Edad Moderna. Hablamos en este punto sobre las características de la revuelta antiseñorial: qué roles adopta cada persona al participar en ellas (por sexos, por edades, etc.), cómo reproducen en tono de burla la estructura de poder que pretenden rechazar, la no discutida fidelidad al rey a pesar de atacar al señor o a sus delegados, y el ensañamiento con el cadáver de los asesinados.

Un tercer grupo de valores que desvelamos y comentamos fueron las relacionadas con el ideal del caballero, a partir, entre otros textos, de un desafío lanzado por Rodrigo Díaz de Vivar. Entre ellas, observamos la causalidad moral y la respuesta a una injuria como causas de un enfrentamiento, dado que existe un factor intangible, la honra, cuya lesión es causa legítima para responder con el uso de la violencia, según numerosos tratadistas de la época. Asimismo, una de las formas de faltar a la honra, la atribución de características femeninas, puso sobre la mesa el papel de cada sexo en la gestación y desarrollo de las guerras, así como la causa de la relación entre los valores bélicos y el sexo masculino.

Y un cuarto conjunto de valores estuvo relacionado con la noción de la guerra que nos ha transmitido la tradición judeocristiana, especialmente a raíz de un texto del Deuteronomio sobre cómo combatir una ciudad. Comprobamos que es Dios quien entrega la ciudad y sus despojos a los vencedores, es decir, que es Él quien otorga la victoria ejerciendo como juez, idea que permaneció en todo el pensamiento medieval, independientemente de quién fuese el enemigo, ya que todo discurso se adapta para legitimar a los buenos, es decir, quienes lo formulan, y condenar a los malos, sus enemigos.

Al finalizar la sesión, no llegamos a una conclusión unánime, como era lógico. Los valores contenidos en el discurso bélico calaban y calan en todas las clases sociales por diversos factores: por la dimensión social del género humano, capaz de constituir grupos privativos y diferenciados; porque otorgan prestigio y facilidades de promoción social a quien los ostenta; porque son una herencia cultural que toca diversos ámbitos; o bien porque entran en relación con la pulsión violenta del ser humano. Seguramente todas estas explicaciones tienen parte de razón, y, sin duda, esos valores hubiesen sido sensiblemente distintos sin la necesidad histórica de legitimar el uso de la violencia.

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