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Educación e Historia (noviembre del 2006)Con la constructiva intención de hacer el grupo más participativo, y en consecuencia tal vez más productivo en cuanto a acopio de materiales que definan conceptos, aireen dudas y, por qué no, también compliquen percepciones; se propone al finalizar la sesión dedicada a la película “La lengua de las mariposas”, depejar los titubeos historicos de las personas asistentes, que aunque historiadoras todas ellas, no por ello enciclopedias expendedoras de conocimiento histórico. Así pues, dado que a todos y todas nos llamó la atención aquella laguna acerca de la coeducación o la educación de las niñas en el largometraje, dedicimos realizar algún tipo de busqueda, prolongando el taller más allá del centro de reunión.
Ese cartel tan explícito que colgaba encima de la puerta de la escuela en el pueblo de la película [“NIÑOS”] hacía pensar que había otro espacio de las mismas característas reservado para la educación de las “niñas”. Qué contenidos se desarrollaban, hasta qué punto la coeducación era un hecho, realmente había posibilidad de elección en el mundo rural donde la educación parece más limitada, etc.
Las repuestas a través de internet no se hacen esperar. La gran red informativa que supone este medio de comunicación permite acceder a textos, noticias, artículos o testimonios de diferente índole y carácter. Los buscadores pueden llegar a ofrecer una idea cuantitativa de la información acumulada con respecto a un tema concreto. De ese modo en el momento de redactar estas líneas, “Guerra Civil” ofrece 3.120.000 entradas diferentes y II República 3.520.000. Cuando se pretende concretar con “educación - II Republica” la lista se reduce a 1.360.000 enlaces. Si cambiamos educación por escuela, todavía se reduce más, siendo 1.290.000 los enlaces que nos llevan a páginas web cuyo contenido hace referencia a la educación y a la enseñanza durante la II República.
La recuperación de la memoria histórica y la vital necesidad de las victimas del franquismo por llorar a sus muertos, es muchas veces la motivación de la mayoría de los contenidos que la red ofrece con respecto a los temas que se pretenden abordar tras el visionado de la película. De entre algunas de las referencias encontradas se procede a reflejar en este recién bautizado diario de trabajo [en otras ocasiones conocido como “de autoaprendizaje” tal vez ahora “colectivo”, si los miembros del grupo así lo desean] algunos frangmentos:
«El 14 de abril de 1931, la República encontró una España tan analfabeta, desnutrida y llena de piojos como ansiosa por aprender. Y los más ilustres escritores, poetas, pedagogos, se pusieron manos a la obra. De pueblo en pueblo, con la cultura ambulante. «Una escuela pública, obligatoria, laica, mixta, inspirada en el ideal de la solidaridad humana, donde la actividad era el eje de la metodología. Así era la escuela de la II República española. De todas las reformas que se emprendieron a partir de abril de 1931, la estrella fue la de la enseñanza.
“Sin ninguna duda, la mejor tarjeta de presentación de la República fue su proyecto educativo”
Antonio Molero Catedrático de Historia de la Educación. Universidad de Alcalá de Henares
“Se ha pretendido combatir [...] el laicismo afirmando que, al suprimir la enseñanza religiosa, habíamos suprimido la moral de la escuela. ¿Cómo es posible que todavía a estas alturas se atrevan a identificar la moral con la religión?” “Efectivamente, fue la piedra angular de todas las reformas: había que implantar un Estado democrático y se necesitaba un pueblo alfabetizado. Era el Estado educador” “Se hizo del maestro la persona más culta, eran los intelectuales de los pueblos y, con toda la precariedad en que vivían, ejercieron de una forma digna”
Consuelo Domínguez Universidad de Huelva
«El sueldo miserable de aquellos voluntariosos maestros subió a 3.000 pesetas al tiempo que se organizaban para ellos cursos de reciclaje didáctico. En aquellas Semanas Pedagógicas recibían asesoramiento de los inspectores, para remozar su formación. La carrera de Magisterio, elevada a categoría universitaria, dignificó la figura del maestro. […] Se proyectó la creación paulatina de 27.000 escuelas, pero mientras, los ayuntamientos adecentaron salas donde educar a los niños. Y a los mayores. […] Entonces las maestras desempeñaron un papel primordial: enseñaban en sus casas con la subvención del ayuntamiento”. […] Con aquellas mimbros comenzó a tejerse un sistema educativo que puso el énfasis en el alumno, le hizo protagonista de las clases y de su formación. Los críos salían al campo para estudiar ciencias naturales, se trataron de sustituir los monótonos coros infantiles recitando lecciones de memoria por el debate participativo y pedagógico; los niños y las niñas se mezclaron en las mismas aulas, donde se educaban en igualdad [1]
«La escuela de niñas de El Saucejo (Sevilla), donde nació Dolores Velasco Torres era, en 1920, un caserón desconchado en el que aquella niña de tres años comenzó su andadura escolar junto a otras cuarenta compañeras. Ella tenía suerte; su abuelo era el maestro... […] “Tuve suerte, como digo; mi abuelo era el maestro... La escuela estaba en la calle del Horno, muy cerca de casa. Teníamos un perro que me acompañaba y me recibía luego, a las doce, a la salida, ladrando desde el balcón. ¡Me acuerdo muy bien de todo aquello!. Entonces no había recreo. El edificio era muy viejo, blanco por dentro, y en las paredes había un crucifijo, un mapa mudo y una pizarra muy grande. Los asientos eran corridos; no existían los pupitres. En cada banco nos sentábamos cinco o seis niñas; Rosita, María, Asunción... ¿Sabe? Repetíamos sin descanso la tabla de multiplicar y cantábamos canciones populares. Estudiábamos las lecciones en alto”.
Lola transitó sin sobresaltos por la escuela republicana hasta acabar en 1934, con resultados notables, la carrera de Magisterio. "Estudiábamos de todo; teníamos 35 asignaturas por curso". Un año después empezó a preparar las oposiciones y se examinó el 11 de julio de 1936; siete días después estalló la Guerra Civil. "¡Adiós Magisterio!". […] Lola no olvidó nunca lo que aprendió como alumna de la escuela republicana; métodos que aplicó luego, cada día: "El respeto al alumnado, el convencimiento de que cada niño y niña tiene algo bueno que puede potenciarse. Intentar mejorar siempre su autoestima, hacerles crecer" […] La motivación del alumnado con preguntas constantes para que no se distraigan, el esfuerzo para despertar su curiosidad, el argumento imposible para centrar la atención de la clase... La dedicación específica e individual siempre que se pueda.[2]
¿Qué historia aprendieron las maestras nacionales en los años de la Segunda República española?[3]
Conviene empezar este apartado repasando lo que hacían las niñas en la escuela en los años veinte en un pueblo cualquiera de Aragón. Según nos relata VJGG[4], en Ateca (Zaragoza), las niñas ocupaban la mayor parte de su tiempo escolar en aprender las labores propias de su sexo, la historia sagrada y los preceptos religiosos católicos. Algún rato lo empleaban en leer, escribir y operar con las cuatro reglas, dedicando muy poco tiempo a todo lo demás. La preparación para acceder al Instituto de Segunda Enseñanza en Calatayud (Zaragoza) hubo que complementarla fuera de la escuela con clases particulares que impartía un Maestro de la escuela de niños de la localidad.
En relación con los contenidos históricos es importante diferenciar entre lo que a las niñas les contaban en casa y lo que les enseñaban en la escuela. Por indicar dos ejemplos señeros: la historia de Mariana Pineda la traían de casa (ratificado por testimonios que demuestran su transmisión oral y por el trabajo de Carlos Serrano)11 y ha permanecido en la memoria para ser transmitida a las generaciones posteriores, mientras que la traición del conde D. Julián era algo que aprendían en la escuela en forma de leyenda, en las enciclopedias o en los libros de lecturas. Los años veinte coinciden con la extensión de la escolarización a una parte importante de la población infantil femenina, pero sólo se pretende que en la escuela aprendan las cuatro reglas y poco más, por lo que la mayor parte de las horas que las niñas pasan en la escuela las dedican a las labores y a todo lo relacionado con la economía doméstica.
Otro de los aspectos que parecía quedar en el aire era establecer matices entre escuela pública y privada. Dado que la institucionalización de la escuela había venido siempre de mano de la Iglesia, era lícito pensar que tras el advenimineto de la II República, la escuela privada, es decir, aquella dirigida por organizaciones religiosas, no iba a permitir que la laicidad le ganara terreno. Y es que, como ya sabemos, dentro del mundo rural, donde el acceso a los servicios era y es más limitado, la primera persona que vislumbraba capacidades en los jóvenes del pueblo era el párroca, y por lo tanto la educación de aquellos estba ya encauzada hacia el seminario. El mundo rural limita la elección, escasean las posibilidades de opción, de ahí que cuando las libertades y reformas de la República comenzaron a construirse en sociedades ruralizadas se instauró un sistema educativo alejado de la fe y subvencionado.
La escuela privada frente a la pública… El párroco frente al maestro…
«Efectivamente, laica y unificada, dos palabras que se convirtieron en el terror de la clase conservadora. Aprobada la Constitución, al ministro Fernando de los Ríos le tocó lidiar con la reforma más drástica y conflictiva: la disolución de la Compañía de Jesús; a las órdenes religiosas se les prohibió impartir enseñanza mientras a los maestros se les “libera” de la obligación de dar doctrina religiosa en clase.”Es una medida discutible en un régimen de libertades, pero lo cierto es que era constitucional”, asegura Molero. […] En todo caso, la política de sustitución de la escuela religiosa “fracasó, porque las órdenes religiosas pusieron los colegios en manos de seglares con los derechos civiles reconocidos. Tenían otro nombre, pero era lo mismo. De hecho, el número de centros privados era mayor en 1935 que en 1931”. Unos colegios privados a los que se permitió fijar su ideario.
Del mismo modo, aunque nuestra intención no ha sido en ningún momento crear repertorios bibliográficos de artículos y libros que nunca leeríamos, ni llenar los pies de página con notas y citas de texto que remitan a un mar de referencias entre las que es fácil perderse; la reciente publicación de un libro titulado “Maestros de la República” nos obliga prácticamente a mencionarlo. En todo momento intentamos alejarnos del academicismo hermético y protocolario, y procuramos buscar aquellas vías de acceso a la información y conocimiento que están al alcance de todos y todas, en el día a día y se meten en nuestras vidas incluso sin quererlo. En ese sentido, nos convertimos en unos meros observadores más, pero en este caso, creadores de historiografía histórica.
Una miembro del grupo escribe el siguiente correo electrónico completando esta primera parte dedicada a la educación en la II República:
Hola chicos, ¿cómo va todo?
Todavía impresiona y eriza el vello, tanto a los que la vieron por primera vez como a quienes no se cansan de verla, la última escena de “La lengua de las mariposas” en la que el maestro junto con otros presos suben a un camión que les llevará casi seguro a un destino fatídico en la cuneta de un camino cualquiera. Parece ser, que más de 70 años después ha llegado el momento de homenajear aquellos maestros y maestras de la República encarcelados, represaliados y asesinados a partir de julio del 36.
María ANTONIA IGLESIA, Maestros de la República. Los otros santos, los otros mártires, ed. La Esfera de los Libros, Historia del Siglo XX., Madrid, 2006.
SINOPSIS[5]: «¿Quién “canonizaría” algún día a estos otros santos, a estos otros mártires, que fueron los maestros republicanos y que nunca entrarán en el “santoral” ni en la memoria de la Iglesia? ¿Quién hablaría de ellos? ¿Quién les reconocería la labor generosa y ejemplar que llevaron a cabo con tanto esfuerzo y sacrificio?»
Estas provocadoras preguntas son las que se hizo María Antonia Iglesias hace un tiempo. Las respuestas las encontrará el lector en este conmovedor y necesario libro que, por encima de todo, quiere ser un rendido homenaje a los maestros de la República, luchadores comprometidos contra el atraso y la incultura que fueron asesinados por defender la causa más preciada de la República: la enseñanza.
Diez historias heroicas, ocurridas en distintos pueblos de España, de las que dan testimonio, con dolor y rebeldía, hijos, nietos, amigos y, sobre todo, antiguos alumnos de las víctimas. Todos ellos aceptaron generosamente el reto propuesto por la autora: hablar con ella acerca de la vida ejemplar y la muerte, alevosa y cruel, de los maestros.
Este libro realmente singular ha contado además con el desinteresado apoyo de José María Maravall, Xosé Manuel Beiras, Santiago Carrillo, Luis Mateo Díez, Josep-Lluís Carod-Rovira, Manuel Vicent, Joaquín Leguina, Javier Cercas, Félix Grande, Almudena Grandes y Luis García Montero, autores de los magníficos prólogos que acompañan los capítulos.
La autora ha escrito estas páginas desde el corazón, poniendo pasión en la defensa de una causa que considera «justa y hermosa»: la de estos santos y mártires que soportaron la negra losa de la calumnia, y que pagaron con sus vidas la labor de llevar la luz, la libertad y la cultura a quienes sólo tenían como destino fatal la ignorancia y la sumisión. [1] La escuela de la II República. Las enseñanzas de la República. Carmen Morán. Madrid, en EL PAÍS, lunes 17 de abril de 2006 [2] La escuela de la II República. Una maestra del 34. Joaquín Mayordomo, en EL PAÍS, lunes 17 de abril de 2006
[3] Alfonso PEREZ MARQUÉS, “¿Qué historia aprendieron y enseñaron las maestras nacionales del plan profesional de magisterio de la Segunda República Española? Aragón, 1931-1951”, en Carlos FORCADEL, Carmen FRÍAS, Ignacio PEIRÓ y Pedro RÚJULA (coord.) Usos educativos de la historia, VI Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Zaragoza, 19-21 de septiembre de 2002, p. 735-736.
[4] Entrevista oral realizada en mayo de 1999 a esta Maestra Nacional que aprobó el ingreso a la Escuela Normal de Magisterio de Zaragoza en febrero de 1935, cursó con total normalidad Primero del Plan Profesional del Magisterio en el curso 1935-1936, continuó durante la guerra con el Plan Cultural de 1914, hizo las prácticas en la escuela de Gelsa, una localidad zaragozana cercana al frente, donde permaneció con destino provisional varios cursos, y consiguió su primer destino definitivo en La Vilueña, pequeña localidad del Suroeste de la provincia de Zaragoza allá por el año 1944. [5] http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=8497345711 18/01/2007 20:59 Comentarios » Ir a formulario |
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