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Bajo un manto de olvido (28-11-2006)Grupo ARTÍFICES. Educación e HistoriaBajo un manto de olvidoLa personalidad humana se manifiesta en las relaciones entre sujeto y sociedad de maneras diversas, que podemos clasificar en cuatro apartados: pensamiento (lo que pensamos), palabra (lo que decimos o escribimos), acción (lo que hacemos) y apariencia (lo que parecemos). Todos ellos constituyen nuestra forma de entender y comunicarnos con el entorno y definen nuestra personalidad como el resultado de nuestra relación dialéctica con el ámbito de lo social a diversas escalas. Parece claro, pues, que del mismo modo que existe una influencia preponderante de lo social en la emergencia de las capacidades psíquicas, no es la naturaleza, sino la cultura la que en última instancia diseña nuestra mente durante la vida. Existen muchas definiciones de cultura. Quedémonos aquí con un significado amplio del término, en el que se incluyan todos los convencionalismos sociales que permiten la reproducción ideológica de una sociedad. La garantía de la existencia de un modelo o paradigma cultural se certifica mediante la asimilación del mismo por los miembros del grupo mediante un proceso de aprendizaje a diversos niveles, es decir, a través de la educación. Éste es un concepto subjetivo, ya que depende del grado de permeabilidad de cada individuo y de las variables de su proceso de aprendizaje personal. En él se incluyen fundamentalmente tres tipos de conocimientos: a. Datos/significantes/convenciones. b. Procedimientos/saber hacer. c. Valores/actitudes/juicios. Asimismo, la educación es un proceso bidireccional, (el sujeto es a la vez emisor y receptor de mensajes y ambas funciones se comportan como agentes de modificación personal), continuo e inflexible (la capacidad de aprender nos acompaña a lo largo de todo el tiempo que dura nuestra relación con lo social) y caracterizable históricamente (los factores de formación personal y sus espacios evolucionan en el tiempo y son fruto de un tipo concreto de sociedad). Nuestra educación conforma nuestra mente, nuestra forma de entender lo social y nuestra forma de relacionarnos con ello. Existen diversos espacios educativos, y otros tantos canales de información. Entendemos por espacio educativo un ámbito definido de relaciones entre sujeto y sociedad. En nuestro momento histórico podemos reconocer los siguientes: a. Entorno personal: familia, amigos, trabajo. b. Espacio político: ordenamiento social, propaganda política, normas, leyes. c. Espacio lúdico: ruptura del ritmo de trabajo, descanso intelectual, esparcimiento. d. Escuela, enseñanzas regladas. e. Medios de comunicación de masas (televisión, radio y prensa), publicidad. En todos ellos, la información se ve condicionada por numerosos factores. La Historia como convencionalismo es uno de los recursos utilizados por los emisores en los diversos espacios educativos. Los historiadores utilizan en sus análisis del pasado los criterios propios de las ciencias sociales que, en consecuencia, comparten con especialistas de otras disciplinas y que, en su mayor parte, son de dominio público. Esta dimensión pública otorga a la Historia un papel principal en la reproducción cultural de una sociedad a través de la educación en diversos espacios. En esta sesión, nos preguntamos qué conceptos propios de la ciencia histórica son de dominio público, cómo se utilizan y se transmiten, en qué medida son útiles para la reproducción del sistema y cómo afecta su (ab)uso a la ideología dominante, a la institucionalización de la ciencia y a su enseñanza. 18/01/2007 21:02 Comentarios » Ir a formulario |
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